Cuando toca descargar carteles obligatorios en bares, el problema no es encontrar un PDF, sino saber cuál sirve de verdad para tu local. En España, la cartelería de un bar mezcla normas estatales, reglas autonómicas y detalles prácticos que cambian según el tipo de actividad. Aquí te explico qué suele ser imprescindible, dónde conviene buscar modelos oficiales y qué revisar antes de imprimir nada.
Lo esencial antes de imprimir la cartelería de tu bar
- La obligación no es igual en toda España: la comunidad autónoma puede añadir requisitos de formato, idioma o contenido.
- Las hojas de reclamaciones y el horario suelen estar entre los carteles más habituales en hostelería.
- Si sirves comida o tapas, la información sobre alérgenos deja de ser opcional y necesita un formato claro.
- La visibilidad manda: un cartel correcto pero mal colocado, pequeño o poco legible no resuelve el problema.
- Descargar el modelo oficial te ahorra retrabajo y evita imprimir señales que luego no acepta una inspección.

Qué carteles suelen exigirse realmente en un bar
Yo separo la cartelería en dos bloques: lo que casi siempre debe estar visible y lo que depende de la comunidad autónoma o del tipo de servicio. En el primer grupo entran, sobre todo, las hojas de reclamaciones y el horario de apertura y cierre; en el segundo aparecen el aforo máximo, las condiciones de admisión, la licencia o habilitación visible, la prohibición de fumar y, si sirves comida, la información sobre alérgenos.
| Cartel o información | Cuándo suele aplicarse | Qué reviso antes de colgarlo |
|---|---|---|
| Hojas de reclamaciones | Muy habitual en bares, cafeterías y locales de hostelería | Que el aviso esté visible y que las hojas estén realmente disponibles |
| Horario de apertura y cierre | Frecuente en la normativa autonómica de espectáculos y establecimientos públicos | Que refleje el horario real y no una versión antigua |
| Aforo máximo y condiciones de admisión | Según comunidad y tipo de local | Que la cifra y las reglas sean legibles y estén actualizadas |
| Prohibición de fumar | En la entrada de los espacios donde la ley lo exige | Que se vea desde el acceso y, si corresponde, en castellano y lengua cooficial |
| Información de alérgenos | Si sirves comida, tapas, platos o elaboraciones no envasadas | Que la carta, la pizarra o el sistema oral digan lo mismo |
| Aviso sobre venta de tabaco a menores | Solo si el local está autorizado para vender tabaco | Que incluya la advertencia sanitaria y la restricción de edad |
Mi consejo es simple: no busques un cartel genérico para “todos los bares”, porque casi nunca existe uno que sirva para todo. Lo inteligente es identificar primero qué obligaciones tiene tu actividad y, a partir de ahí, descargar el modelo correcto. Con esa base clara, ya tiene sentido pasar a la forma más segura de conseguirlos.
Dónde descargar modelos oficiales sin perder tiempo
La mejor ruta suele ser la página de consumo, turismo o espectáculos públicos de tu comunidad autónoma, porque ahí es donde normalmente publican los modelos que aceptan las inspecciones. Para la parte de alérgenos, la AESAN ofrece materiales pensados para restaurantes, cafeterías y otros establecimientos de restauración; son útiles porque resumen qué información debe aparecer en carta, pizarra o cartel sin obligarte a reinterpretar la norma por tu cuenta.
- Identifica la comunidad autónoma y, si aplica, el municipio donde opera el bar.
- Busca el modelo oficial por obligación concreta, no por una búsqueda genérica de “carteles para bares”.
- Comprueba si el archivo es un PDF listo para imprimir o una plantilla editable.
- Revisa que incluya el idioma correcto y el contenido mínimo exigido.
- Guarda una copia maestra para futuras actualizaciones y evita editar el archivo original sin control.
Yo evitaría las plantillas de buscador o las imprentas que no citan la obligación concreta, porque a menudo mezclan normas de distintas comunidades y eso termina en retrabajo. Si el archivo viene en PDF, imprímelo tal cual salvo los campos del establecimiento; si es editable, úsalo solo para completar lo que permita la administración. Aun así, antes de imprimir conviene comprobar exactamente qué te pide tu comunidad autónoma.
Cómo comprobar la norma de tu comunidad autónoma
La parte incómoda es que España no funciona con una lista única para todos los bares. Hay comunidades que piden más carteles de los que imaginas y otras que además fijan idioma, tamaño, ubicación o formato. Yo suelo revisar seis puntos antes de cerrar el pedido:
- Si exige cartel de horarios y, en su caso, horario de apertura y cierre.
- Si obliga a mostrar hojas de reclamaciones y el aviso correspondiente.
- Si pide aforo máximo, condiciones de admisión o copia de la habilitación del local.
- Si el cartel debe ir en castellano y también en lengua cooficial.
- Si la norma distingue entre bar, cafetería, pub, restaurante o local con música.
- Si existe un modelo normalizado que conviene respetar sin cambios visuales.
Cuando una norma autonómica habla de que la información debe estar en lugar visible y perfectamente legible, yo lo tomo literalmente: visible significa que se ve al entrar, y legible significa que no obliga al cliente a acercarse demasiado ni a descifrar una letra mínima. Si tu local está en una zona con lengua cooficial, no des por hecho que el castellano basta. Y si además das comidas, tapas o menú del día, entra en juego otra obligación que conviene tratar aparte: los alérgenos.
Alérgenos, menús y pizarras que sí ayudan al cliente
En hostelería, esta es una de las piezas más sensibles. La AESAN resume bien la lógica: en restaurantes, cafeterías y otros establecimientos similares, la información obligatoria debe permitir identificar las sustancias que causan alergias o intolerancias. En la práctica, eso significa que no basta con una frase vaga de “pregunte al personal”; la información tiene que ser clara, coherente y realmente accesible.
Yo suelo ver tres formas que funcionan mejor que el resto:
- Carta impresa con marcaje de alérgenos, útil si cambias la oferta con poca frecuencia.
- Pizarra o menú del día con leyenda clara, ideal para barras con rotación rápida de platos.
- Información oral respaldada por un registro interno, que solo funciona bien si cocina y sala dicen exactamente lo mismo.
Si la carta digital, la pizarra y lo que explica el personal no coinciden, el sistema falla aunque el cartel “esté puesto”. Yo prefiero pensar en esta parte como una extensión de la carta, no como un añadido de última hora. Cuando esa información está bien resuelta, también reduce preguntas repetidas en barra y evita contradicciones entre cocina, sala y caja. El siguiente problema suele ser menos visible, pero muy frecuente: los fallos de impresión y colocación.
Los errores que más problemas generan al imprimirlos
La mayoría de los problemas no nacen en la norma, sino en la ejecución. Un cartel puede ser correcto y seguir siendo inútil si queda detrás de una puerta, si el contraste es pobre o si tiene una tipografía pequeña que nadie puede leer a dos metros. Yo veo estas fallas una y otra vez:
- Descargar un modelo de otra comunidad y asumir que vale igual.
- Usar una versión desactualizada después de un cambio normativo o de horario.
- Colocar el cartel en una pared secundaria, detrás de una máquina o junto a publicidad muy cargada.
- Imprimir en un formato demasiado pequeño para la distancia real de lectura.
- Mezclar cartelería obligatoria con promociones hasta volverla confusa.
- Olvidar que el cartel debe mantenerse limpio, entero y sin despegados.
Cuando corriges esto, ya no estás hablando solo de diseño, sino de cumplimiento real. Y ese cumplimiento importa porque la ausencia de cartelería visible no se queda en un detalle estético: puede convertirse en un problema administrativo que se detecta en una inspección o en una reclamación de cliente.
Qué pasa si faltan o están mal colocados
En varias normas autonómicas, no tener visible el cartel de reclamaciones, el horario o la información exigida se considera una infracción. No todas las comunidades lo sancionan igual, pero el patrón es bastante claro: la administración entiende que lo que no se ve no cumple su función. En un bar eso tiene dos efectos, uno práctico y otro reputacional.
- Te obligan a corregir el defecto y a veces a aportar prueba de subsanación.
- Puede abrirse un expediente con multa, según la gravedad y la norma aplicable.
- El cliente percibe desorden regulatorio, aunque el servicio sea bueno.
- Si el problema afecta a alérgenos, el riesgo ya no es solo formal, sino también de seguridad alimentaria.
Yo no lo trataría como un trabajo de una sola vez. Lo sensato es dejar una carpeta mínima preparada para poder actualizar los carteles en minutos, no en horas.
La carpeta mínima que yo dejaría lista antes de abrir
Si tuviera que ordenar todo en poco espacio, guardaría una versión maestra de cada archivo y una copia en papel ya lista para sustituir la anterior. Lo mínimo que conviene tener bajo control es esto:
- El cartel de hojas de reclamaciones en su versión vigente.
- El horario de apertura y cierre, con fecha de revisión.
- La información de aforo, admisión y licencia, si tu comunidad la exige.
- La carta o pizarra con alérgenos actualizada y revisada por cocina.
- La señalización de no fumar o de venta de tabaco, si aplica a tu local.
- Una carpeta digital con los PDFs oficiales y otra física con copias impresas.
Con esa base, la cartelería deja de ser una tarea improvisada y se convierte en una rutina simple: revisar, actualizar e imprimir solo lo necesario. En hostelería, esa disciplina pequeña suele ahorrar más tiempo que cualquier plantilla bonita.